domingo, 4 de octubre de 2009

Escuchando a un nobel

"En España, cuando estás en paro, el sol brilla y te coges unas vacaciones"

Prescott critica con ferocidad las inercias del mercado laboral español, pone como ejemplo a Dinamarca, donde "te hacen la vida muy difícil si no trabajas", y se muestra optimista sobre la economía mundial


Charlar con Edward Prescott (Glenn Falls, Nueva York, 1940) en el salón de un hotel de Sevilla evidencia a las primeras de cambio el contraste cultural entre el mundo anglosajón, pura discreción de decibelios, y el latino, adicto a ese zumbido eterno a medio camino entre el ruido y la música. Hombre tímido, el Nobel de Economía se frota las manos mientras contesta y modula el gesto en una escala que va de la sonrisa a lo ceñudo. La primera conclusión es que José Luis Rodríguez Zapatero no le gusta. No al menos desde la perspectiva que él domina. "¿Subir los impuestos ahora? No. No es una buena idea. Zapatero tendría que haber hecho lo contrario, además de recortar el gasto público al máximo e incentivar no una ayuda extra a los parados sino la posibilidad de lograr un trabajo", opina.

España ha sido en el mapa económico mundial un cometa. Partió de la nada y rozó la gloria macro, arrancando exclamaciones de respeto y una silla prestada en el G20 que ya nadie sabe si soltará algún día. La crisis ha invertido la curva hasta tal punto que uno se pregunta si aquello fue sólo una ficción. "Yo creo que fue muy real, pero ahora tiene un reto formidable, igual que Estados Unidos, el otro gran país que perderá el tren inmediato de la recuperación. Será interesante ver cómo evolucionan".

Por supuesto, Obama es cuestión obligada. Prescott le respeta por lo que representa -esa ilusión de cambio tan confundida a veces con el mesianismo- aunque no comparta muchas de sus recetas. Sobre todo, la que pretende universalizar algunas prestaciones sanitarias. "Prefiero elegir al médico que me diagnostique y me cure", explica el economista, muy en la línea del pensamiento liberal americano tan propio para estos asuntos. Lo que olvida aclarar es cómo se las apañan quienes carecen de recursos para esa sanidad a la carta. "Espero sinceramente -resume sobre el presidente estadounidense- que sepa manejarse sin dañar demasiado la salud financiera del país".

La dañe o no, el Nobel asume el fin del Imperio y celebra la llegada del nuevo emperador, que será amarillo y hablará en mandarín. "Soy optimista con la economía mundial. Es obvio que quienes han liderado el mundo en las últimas décadas crecen ahora más despacio. Es como seguir desde casa una carrera donde los que vienen de atrás progresan y progresan, cada vez más rápido, hasta alcanzarles en los últimos metros. Que China y Brasil se estén recuperando nos viene muy bien; que se atrevan a expandirse y diseminar sus multinacionales, también. Quizás a finales de este siglo todo el mundo sea rico. Sería bonito de ver", subraya.

La formidable salud del paro español también le llama la atención. Y es entonces cuando rebusca en su chistera sus conclusiones más contundentes. "Dinamarca es un magnífico ejemplo de cómo hacer las cosas: ellos te complican la vida si no trabajas, te empujan a espabilarte. En España, cuando pierdes tu trabajo, no hay problema, todo va bien, coges una especie de vacaciones, el sol sigue brillando".

La prensa anglo ha debatido últimamente sobre las debilidades ibéricas, hasta el punto de plantear una posible salida -o expulsión, según se mire- del euro. "Sería un error garrafal. No puedes hacerte rico jugando con las cotizaciones de tu moneda. Una moneda única simplifica mucho las cosas" [más las simplificará si, como pronostican algunos gurús, el dólar pierde pronto su supremacía en el tráfico mundial de divisas].

Prescott relaja la expresión cuando el periodista desliza la pregunta más peregrina: ¿Se habría arruinado España si Madrid se hubiera impuesto a Río, Tokio y Chicago como organizadora de los Juegos Olímpicos de 2016? Medita un rato, mira fijamente a su interlocutor y planta en él dos ojos levemente gamberros. "En realidad, me encantan los Juegos Olímpicos. Todos esos atletas compitiendo por sus países, el espíritu, la filosofía del evento. Obviamente no puedo contestar otra cosa que no. No habría problemas para la economía española si los hubiera organizado. Y no sólo porque faltan siete años [el FMI pronostica ascensos decentes del PIB nacional a partir de 2014], sino porque celebrarlos reporta al país en cuestión muchísimos beneficios y una fuerte corriente inversora". Lástima, pues, que no haya caído esa breva.

Fuente: El Día de Córdoba

2 comentarios:

Felix Casanova Briceño dijo...

Interesántisimo artículo. Y ha dado unas claves en las que merece la pena ahondar. Un abrazo

joselillo dijo...

En lugar de recurrir a técnicos y especialistas en economía, ZP ha tomado decisiones muy importantes para los conocimientos económicos suyos y de sus "asesores".
Bien podria haber aprendido de otros dirigentes anteriores en materia económica.
Un saludo