martes, 3 de marzo de 2009

Legales entre ilegales II

En línea con el artículo que os dejé sobre el caso de la asociación El Arca de Noé, os copio el texto íntegro del artículo publicado en el Semanario La Calle de Córdoba.

Espero vuestros comentarios.

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Contra el naufragio del Arca de Noé

Al margen y al extremo

Existe una visión popular de la ciudad de Córdoba que se despliega en dichos ocurrentes y que la presenta como lugar de contradicciones. Algunas de esas frases son muy antiguas, como aquella en que se afirmaba que en Córdoba “la caridad en el Potro; la salud, en el cementerio, y la verdad, en el campo”. De todas esas virtudes, algunas prácticamente ilocalizables, hay una cuya carencia puede llegar a ser espantosa en nuestra ciudad: el respeto a la ley y la exigencia de su cumplimiento.

Podría poner muchas pruebas; un paseo por nuestras calles ofrece verdaderas joyitas de este comportamiento grosero no sancionado nunca por las autoridades, como si para determinados colectivos o personas la ley fuera sólo un adorno que no es necesario acatar, vayan a molestarse estos benditos incumplidores de las normas.

Hoy quisiera mostrar mi perplejidad a propósito de un conflicto reciente donde quienes quebrantan sistemáticamente la ley persiguen a otros (cuidadosos de la misma) hasta conseguir su objetivo. Dicho así, en abstracto, parece extraño e incoherente. Pero quizá se entienda con claridad si les digo “parcelistas ilegales contra protectora de animales”.

En el caso del Arca de Noé, que cualquier persona informada tendrá presente, se comete una de las contradicciones más alucinantes de la política cordobesa: quienes llevan años incurriendo en infracciones reiteradas, lo cual es un agravio contra quienes sí cumplen la ley, exigen (burlándose aún más de las instituciones) que se expulse de sus dominios usurpados a quienes sólo dan una muestra de cultura y sensibilidad librando a otros seres vivos del abandono y del sacrificio. Peor aún es que esa reivindicación enunciada desde la ilegalidad encuentre el apoyo de quienes durante décadas no han hecho nada para que la ley se cumpla. Resulta lógico que los delincuentes no obedezcan las leyes, pero es aberrante que los responsables que tienen que exigir su cumplimiento les aplaudan y mimen. Nada, nada, primitivismo al poder para alcanzar los objetivos de la capitalidad cultural. Al fin y al cabo, ¿qué son cuatro perros comparados con un puñado de votos?

Fdo:
Joaquín Roses | Profesor Titular de Literatura Española e Hispanoamericana de la UCO